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ESCRIBANOS
 
7 de Diciembre de 2002
 
 


Doña suerte corrió con ellas

El Salvador logró colarse en el podio de los relevos, un lugar que parecía estar reservado para los grandes velocistas del área. El equipo femenino obtuvo un bronce en el 4 x 100 metros.

Rodrigo Baires Q.
EDH DEPORTES

Un bronce a la perseverancia. Las nacionales eran cuartas en el 4 x 100 metros... Jamaica erró y las nacionales no perdonaron. Foto: EDH/Franklin Rivera

Aura Amaya, última posta del equipo salvadoreño de relevos del 4 x 100 metros planos, sólo escuchó un sonido metálico detrás de ella. Las mil y una ideas que habían pasado por su mente cuando había empezado a correr se borraron en menos de una micra de segundo. “Sólo escuche el ‘plin, plin, plin’ y empecé a correr... Sabía que era nuestra medalla”, recordó la velocista cuando esperaba la premiación.

La medalla había llegado ‘de rebote’ y cuando nadie la esperaba. Los números son fríos: Cuatro equipos, tres medallas y El Salvador no era el favorito para ocupar una plaza en el podio. Pero los ánimos de Amaya y sus compañeras -Marcela Navarro, Verónica Quijano y Gabriela Quezada- apuntaban a que querían obtener una medalla. “Mirame bien porque después voy a estar muerta... En la pista lo voy a dejar todo”, había dicho entre bromas y risas Amaya unas dos horas antes de la prueba.

Las cosas cambiaron al filo de las 5:05 de la tarde, cuando la juez principal dio el pistoletazo de salida. Marcela había hecho una salida buena y la entrega de la estafeta a Verónica, a pesar de algunos detalles técnicos ínfimos, salió bien. Pero la mejor vallista salvadoreña no se encontró en su mejor momento. Se le vio lenta y las representantes de República Dominicana, Colombia y Jamaica la sobrepasaron con cierta facilidad.

Del infierno al cielo


En la tercera posta, Karla sólo oyó como Verónica le pedía que la esperará. “No se que pasó... Yo empecé a correr y ella no me alcanzaba”, dijo Karla. Desde las gradas el comentario era unánime: La posta había sido un desastre. Abajo, en la pista, tanto Marcela como Aura estaban claras que todo pintaba a un cuarto lugar. “Vamos a llegar cuartas”, se dijo a sí misma Amaya. De la nada la desgracia de Jamaica y el milagro para El Salvador: Jenice Daley y Dionne Rose se equivocaron. La estafeta cayó al piso y, en lo que Rose reaccionó, Aura tomó la delantera. Adelante, la dominicana Clara Hernández le daba el oro a su país, mientras que Princesa Oliveros aseguraba la plata. Aura apretó la estafeta y una sonrisa se le dibujó en el rostro. “Era nuestra medalla”, se dijo y cruzó la meta. La única presa salvadoreña en la pista del Flor Blanca.

Un cierre muy tranquilo

Hasta que su nombre sonó por los parlantes, Félix Sánchez era un atleta más sobre la pista del Flor Blanca. “Lo más bonito de estos Juegos es que podré convivir con toda la selección de mi país... Y si podemos le daremos una medalla de oro a República Dominicana”, había dicho Sánchez a su llegada a El Salvador. Ayer, como un miembro más de su equipo, el mejor vallista del mundo se sumó a sus compañeros Arismendy Peguero, Carlos Santa y Gerardo Peralta para llevarse la medalla dorada del relevo de los 4 x 400 metros planos.

Los dominicanos dominaron sin problemas las tres primeras vueltas seguidos de cerca por los Jamaica y Venezuela, que se intercalaban la segunda y tercera posición. Pero cuando Félix tomó la estafeta, la distancia entre los dominicanos y sus perseguidores aumentó. Por ello, cuando el vallista tomó la última recta, la medalla de oro era segura para República Dominicana, terminando con una carrera que había empezado 3:04.15 minutos atrás.

“Fue una carrera muy bueno, gracias a Dios terminamos en el primer lugar”, aseguró Sánchez, mientras posaba con el resto del equipo para los fotógrafos.
El equipo jamaiquino se ubicó segundo con un registro de 3:05.40 minutos, mientras que los venezolanos aseguraron el bronce con 3:05.71 minutos. Por su parte, el cuarteto salvadoreño cayó a la última plaza con 3:18.94 minutos.

Guevara puso el músculo

Aplausos y más aplausos. La mexicana Ana Gabriela Guevara volvió a demostrar que es un imán para los aficionados. Ayer, cuando Guevara salió a la pista, las gente reunida en las gradas se levantaron para ovacionarla.
El nuevo reto de la mejor atleta latinoamericana estaba en obtener una segunda medalla de oro, esta vez en el relevo 4 x 400 metros. Pero las dudas saltaron cuando República Dominicana se pusieron al frente de la prueba desde la primer vuelta.

Cuando la dominicana Maribel Martínez entregó la estafeta a su compañera Clara Hernández, la tercera posta azteca, Magaly Yáñez, se encontraba a escasos metros de Guevara. 25 metros después, con Ana corriendo a toda velocidad, las cosas cambiaron y México aseguraba el oro. Segundos después, Guevara a cruzó la meta con marca de 3:31.24 minutos, suficiente para la dorada y romper el récord mexicano de la prueba. “Romper la marca es una prueba del trabajo en conjunto que hacemos”, dijo Guevara.

“Tenía muchas dudas de que se pudiera concretar el oro. Estoy muy satisfecha con todas las chicas porque cada una respondió con lo que le tocaba y en el momento en que tenía que ser”, dijo la velocista, al tiempo que destacó que desde un principio se habían trazado como estrategia seguir el paso de las dominicanas, manteniendo una distancia de 10 ó 15 metros. “Era el margen que podía recuperar”, dijo Guevara.



 
 
 
 
 

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