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Penales,
goles y tensión a ciegas
Cantaron,
gritaron, sufrieron y apoyaron a la selección
igual que todos los que habían pagado por su
boleto. No vieron los penales pero igual celebraron
el oro
Marcelo
Betancourt
EDH
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Personas
que observaron el partido desde la lomita, ubicada
en la colonia la cima el encuentro entre El Salvador
y México, para definir la medalla de oro.Foto:
EDH/ Oscar Payés
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Un 2-0 o un 2-1 ganamos, así van
a quedar vas a ver le comentaba un aficionado
a su compañero de al lado. El partido estaba
a punto de comenzar y en la dimensión de La
Lomita el ambiente apenas calentaba.
El pitazo inicial sonó y una pareja se percinó
mutuamente al tiempo que se amarraban de las manos para
prepararse a sufrir.
Los diminutos jugadores ya corrían detrás
del balón, al mejor estilo de los pitufos.
Al menos así parecía desde la distancia.
De repente todos eran unos expertos. Uno a uno los aficionados,
el vendedor de paletas, y la señora de las yuquitas
se fueron prestando el saco de Juan Ramón Paredes,
técnico de la selección, para analizar
el planteamiento y asignar ordenes directas a los jugadores.
Cuidado mexicanos que aqui se han venido a meter
al vietnam y aqui no es chiche exclamaba un aficionado.
Justo en ese momento México se adelantó
en el marcador y el silencio se apoderó de todos.
Era un golpe que no se esperaban.
Para el final de la primera mitad la celebración
pusó a todos a gritar. Josué Galdámez
había empatado. El gol no se vio pero se celebró
como si hubiera pantalla gigante.
En el segundo tiempo no hubo mucho espacio para la platica,
la tensión era excesiva. El cuarto de cancha
inaccesible a la vista era insoportable.
Con la única opción de depender de las
celebraciones del público se sufrieron cada uno
de los penales. Cuando el oro ya era realidad se escuchó
en el aire: Valió la pena pagar por entrar
a La Lomita.
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