|
Paralizado
de la emoción
Cuando
salió de su casa para ir al Estadio Cuscatlán,
Jorge El Mágico González no
tenía dudas sobre triunfo de El Salvador sobre
México.
Claudio
Martínez
EDH
Hoy ganamos, pronosticó.
Le tenía mucha fe al equipo, aunque él
no es de los que subestiman a los rivales.
EN FAMILIA
Acompañado su madre, Doña Victoria de
González, el Mágico se instaló
en uno de los palcos de El Diario de Hoy.
Pero antes, en el camino hacia el cuarto piso, se detuvo
no menos de treinta veces. Algunas entrevistas radiales,
autógrafos, fotos o simplemente gestos de simpatía
de sus fieles.
Llegó a su ubicación en el mismo momento
en que empezaba el partido. Tenía que traer
a mi mamá. A ella le encanta el fútbol
y este es un partido histórico, explicó.
Víctoria vive el fútbol muy intensamente.
Aplaudió cada jugada en favor del equipo de Paredes
y padeció con los ataques mexicanos, entre ellos
el que terminó en gol de Rafael Márquez.
Cuando estaba a punto de finalizar el primer tiempo
y el 1-0 parecía inamovible, Jorge se levantó
de su butaca y anunció: Me voy a verlo
a casa por televisión, estoy sufriendo demasiado.
En ese mismo instante, cuando le daba la espalda al
campo de juego, llegó el gol de Josué
Galdámez.
No, Jorge, ahora nos quedamos, le dijo Doña
Victoria, con la autoridad de una madre. Mágico
asintió y dedicó los quince minutos del
descanso a firmar autógrafos. El más curioso
lo estampó en las muletas de un adolescente que
había sufrido un accidente.
Cuando iban quince minutos del segundo tiempo, otra
vez la ansiedad y la emoción empezaron a consumirlo.
Esto es demasiado para mí. Me voy a casa
a verlo por televisión. Y se perdió
en medio de miles de ojos distraidos en el partido.
|