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3 de diciembre de 2002
 

La hora de volver a estudiar

La remera salvadoreña Aída turcios ha vuelto a la escuela. La diferencia es que sobre sus hombros ya pesa una medalla de oro.

Iris Lima y Wilfredo Hernández
El Diario de Hoy

Alos 15 años de edad, la remera Aída Turcios se convirtió en la atleta más joven que sumó una medalla de oro a la causa cuscatleca en los Juegos.
Foto: EDH

Alos 15 años de edad, la remera Aída Turcios se convirtió en la atleta más joven que sumó una medalla de oro a la causa cuscatleca en los Juegos.

El 30 de noviembre del 2002 será una fecha inolvidable para Aída, quien gracias a su disciplina y coraje, sumó un metal dorado para su país en la modalidad de individual ligero femenino y cinco platas en individual abierto, dobles scull abierto y ligero y cuatro scull abierto y ligero femenino.

La salvadoreña, con apenas año y medio de experiencia, superó a la experimentada mexicana Lourdes Montoya.

Aunque las competencias del deporte acuático ya terminaron, Aída aún sigue compitiendo. Esta vez, la disputa principal son sus estudios.

Aída volvió a clases el pasado miércoles, sólo dos días después de haberse enfrentado a remeras de la región centroamericana y del Caribe. Aída ha reiniciado su rutina. Reponer las clases perdidas es la meta de la joven atleta.

Se duerme en clase

El regreso a la rutina de Aída incluyó un reconocimiento especial de la Escuela Británica institución donde estudia la atleta, al triunfo obtenido. “La llamaron a asamblea (reunión general) y la felicitaron frente a todos por las medallas”, dice una de las amigas de la remera, Susana Delgado.

Y aunque sus amigas y compañeras del colegio, no cuentan con ella al 100 por ciento debido a su doble responsabilidad, la apoyan y la animan siempre. “Yo me escapé ese día (el lunes) para ir a apoyar a Aída al lago... Aunque me castigaron no me importa, porque valió la pena estar con ella en ese momento”, explica una de sus amigas y compañeras, Julieta Chávez.

“A mí sí me llevó mi mamá a verla, así que no tuve problemas”, agrega Ileana Figueroa, quien lleva diez años de relación con Aída. El esfuerzo de la remera por llevar sus estudios y el deporte a la par ha requerido de muchos sacrificios, como el levantarse a las cuatro de la mañana para ir a remar y dos horas más tarde volver al colegio. “A veces se duerme en el colegio. Siempre se anda cabeceando. Aunque a pesar de eso siempre sale bien en las notas”, comentó Susana.

La vida de Aída en el colegio no está muy alejada de las costumbres de cualquier joven de su edad. La única diferencia, quizá, es que a Aída el trabajo se le duplica, tanto en remo como en su colegio. “Ahorita, me tengo que poner al día con las clases que perdí durante los juegos”, explica la atleta. “Pero ella no necesita estudiar tanto.

Va súper bien sin esforzarse tanto. Su CUM (promedio) es de 8.5... Ella es buena para todo. Por ejempli, para matemáticas siempre le pedimos ayuda”, coinciden sus amigas.

De acuerdo con sus compañeras, Aída ha sabido integrar bien el deporte con el estudio. Aunque a veces, algunos profesores le dicen: “Veamos si, así como es de buena en el agua, es de buena en las clases”. Frase que Aída se ha encargado de cumplirla a cabalidad cada vez que tiene que presentar un examen de cualquier asignatura.

Remeros vs colegialas

Sin embargo, hay una realidad que no se puede obviar. Aída es la más joven del equipo de remo nacional. Situación que no le preocupa a la joven atleta, aunque “hay veces que me siento rara, porque con los remeros hablo de una manera y con mis amigas del colegio lo hago de otra muy distinta.

Por ejemplo, cuando vine de España (de participar en el Mundial de Sevilla) no sabía cómo hablarles a mis amigas del colegio, porque había pasado mucho tiempo con la gente de remo”. Y aunque este problema no trasciende más allá de lo normal, Aída siempre trata de darle a todos un poquito de atención.

La última vez que salió con sus amigas del colegio fue en enero de este año. “Fue para mi fiesta de quince años”, recuerda Ileana, al tiempo que sus compañeras asienten con la cabeza al recordar esa fecha.

La vida de Aída está a punto de volver a la normalidad. Sus clases ya iniciaron nuevamente, mientras que los entrenos de remo, de cara a los Panamericanos del 2003, iniciarán el próximo 21 de diciembre. Los sacrificios de la joven atleta ya dieron sus primeros frutos. Ahora, sólo es cuestión de tiempo, disciplina y coraje para que Aída vuelva a darle otra alegría a El Salvador.

 
 
 
 
 

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