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Una
dura batalla y un bronce para el consuelo
MÉXICO
IMPUSO SU MAYOR EXPERIENCIA Y ELIMINÓ A
EL SALVADOR DESPUÉS DE IMPONERSE EN LOS
DOS SINGLES. DE TODOS MODOS, QUEDÓ CLARO
QUE EL TENIS NACIONAL VA POR EL BUEN CAMINO.
Marcelo Betancourt
DE LA REDACCION DE EL DIARIO DE HOY
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Rafael Arevalo de la seleccion
de tenis de El Salvador, gano en las preliminares
para pelear la medalla de bronce.
Foto: EDH / DIGITAL
HUBER ROSALES |
U n 7-6(8-6), 7-6(7-5) en tenis no necesita demasiadas
explicaciones. El marcador es reflejo de una evidente
paridad de los contrincantes y de un duelo a muerte
en el que venció la que menos veces perdió
la concentración y la que hizo las cosas
mejor en los momentos claves.
De eso se trató, precisamente, el duelo
que duró más de dos horas mantuvieron
la salvadoreña Liz Cruz y la mexicana Melissa
Torres. Y quedó en manos de la mexicana,
obligando a a las nacionales a conformarse con
la medalla de bronce.
Y el choque, incluso antes de iniciarse, ya tenía
un ingrediente especial. En el primer turno, Ivón
Rodezno había sido derrotada 6-0, 6-1 a
manos de la mexicana Karin Palme.
Rodezno no pudo entrar nunca en ritmo de juego
y quedó presa de sus propios errores. Tanto
así, que su primer game lo ganó
después de haber perdido diez consecutivos,
cuando la suerte ya estaba echada.
La ventaja conseguida por Palme ponía presión
sobre los hombros de la mexicana Torres para cerrar
la serie y avanzar a la final. Mientras tanto,
Cruz tenía la obligación de ganar
para forzar un desenlace en la modalidad de dobles.
Y la presión se hizo evidente en el nivel
de juego. Dos quiebres de saque por bando y extensos
rallys por la disputa de los puntos llevaron al
primer episiodio hasta el tie break.
Cruz llegó a tener un set point cuando
se encontraba 6-5 arriba pero lo desperdició.
Torres, en cambio, aprovechó su oportunidad
y comenzó a sellar el destino del partido.
En el segundo set, se repitió el esquema.
Torres, dueña de una mayor potencia, quería
imponer un cambio de pelotas veloz, mientras que
Cruz necesitaba jugar pelotas altas para hacer
retroceder a su rival, que se hacía peligrosa
cuando tomaba la red. Torres era un poco más,
pero el coraje de Cruz igualó las cosas.
Y en algún momento, tuvo la ocasión
concreta de forzar un tercer set.
Las dos con dudas (sobre todo en el servicio),
pelearon pelota a pelota hasta llegar a un nuevo
tie break. Y allí otra vez se impuso la
mayor experiencia de la mexicana. En el momento
justo, obligó a Cruz a ir hacia adelante
y jugar bajo y logró la pequeña
luz de diferencia que necesitaba para sellar el
duelo.
México jugará la final con Puerto
Rico. En tanto, El Salvador sumó su segundo
bronce en el tenis de los Juegos e igualó
lo conseguido en los Juegos de 1935, una prueba
de que se está recorriendo el camino correcto.
Y que el futuro tiene las puertas abiertas.
Un plan que recién inicia
Dos bronces sacados de una selección formada
en su totalidad por tenistas juveniles es para
salir satisfechos. Sobre todo si como contrincantes
se tiene a tenistas mexicanas y puertorriqueñas
bien rankeadas que las aventajan al menos con
seis años de experiencia.
Con las circunstancias en contra y con lo demostrado
en la cancha el entrenador Hugo Giménez
fue incapaz de mencionar la palabra satisfacción
y es que según él, cuando
se está tan cerca, uno lo resiente. Pero
eso sí: hay que poner los pies en la tierra
y saber que eran juniors las que representaban
a todo un país.
Por eso, las dos medallas de bronce conseguidas
en dobles femenino y en Copa de Nciones de la
misma rama tienen mérito abren un horizonte
promisorio. Los Juegos dejan un cúmulo
de enseñanzas que serán aprovechas
en el futuro.
El traje no quedó tan grande cómo
se pensaba. Y eso no es poco en un deporte como
el tenis que cada día se torna más
competitivo. Más considerando la inocultable
dificultad que representa para los chicos y chicas
mostrar lo suyo ante la ansiedad de su propia
gente. El trabajo apenas comienza y los resultados
ya empiezan a asomar.
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